
Encargo para un restaurante que quería una carta sin fotografías, apostando todo al peso de la tipografía. El reto fue jerarquizar treinta y pico de platos en una sola hoja sin que se sintiera apretada. Se trabajó con una familia serif para los nombres y una sans ligera para las descripciones, dejando que el espacio en blanco hiciera de plato de fondo.